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lunes, 14 de marzo de 2011

Dios ante la neurociencia. francisco Mora: Dios ante la neurociencia (2011)


Libros

FUENTE: ABCD 13 de marzo de 2011 - número: 988





La crítica de las creencias siempre ha suscitado más reacciones colectivas e institucionales que las críticas de las teorías científicas. Los científicos suelen abandonar una hipótesis cuyas pruebas no confirman su propuesta teórica. Se trata, en este caso, de un mundo sostenido por la búsqueda y la comprobación, por la defensa de ciertas teorías, pero desde la actitud de la espera y la investigación incesante.

Francisco Mora es catedrático de Fisiología Humana y autor de varias obras sobre neurociencia. En El dios de cada uno ensaya la búsqueda de los mecanismos cerebrales de la construcción de la fe, sustento de todo deísmo.

La causa primera

Las negaciones científicas de Dios como figura absoluta, como causa primera, han adoptado varias formas a lo largo del siglo XX. Dios, han dicho muchos de nuestros mejores científicos y filósofos, no es un tema de la ciencia o de la filosofía.

Otros, como el maravillosamente controvertido Richard Dawkins, experto en evolucionismo, piensa, creo que con razón, que desde un punto de vista científico no es lo mismo un mundo con Dios o sin él y, por lo tanto, sí hay algo que decir. Este mismo autor ha escrito un libro que Mora podría haber aprovechado más en la primera parte de su obra, El espejismo de Dios, así como creo que habría enriquecido su exposición, desde el lado filosófico, haber tenido en cuenta La vida eterna, de Fernando Savater.

Hay en Mora (no sólo en él, y en este sentido nos hallamos ante un innecesario reduccionismo cientificista) una creencia -la de que todo se explica por el cerebro-, un exceso de localismo: es en el cerebro y en su estudio «donde se encuentra la única vía posible para hallar una más cercana "realidad" del hombre y de cómo construye sus ideas»: si influimos en determinadas zonas, si observamos la actividad cerebral en relación a ciertos pensamientos y emociones, etc.

Una zona del cerebro

No niego su pertinencia, e investigadores como Antonio Damasio están aportando conocimientos asombrosos sobre la formación y el proceso de la cognición que no debemos ignorar, pero no creo que se añada mucho señalando que el acto de pensar en Dios y en el resto de las construcciones abstractas active una misma zona del cerebro. Lo podríamos reducir aún más: sin vida no hay pensamiento.

No sugiero que la ciencia cognitiva no explique muchos aspectos, y el mismo Mora lo hace con competencia en la parte más científica de este libro, sino que hay que tener cuidado con afirmar que las ideas se explican por el análisis, todo lo complejo que se quiera, de la actividad molecular y neural. El tema es largo y merece que se lo tome en serio. En cuanto a la defensa de Mora del pensamiento científico y crítico, en la vieja línea de Popper y Russell, nunca se hará lo bastante en este sentido.

Lo que Mora afirma es que Dios forma parte de la fe y que parece evidente la imposibilidad de construir alguna verdad sobre la fe. Defiende (como algunos creyentes) la religiosidad íntima como legítima. Dios, según Mora, participa de la actividad cognitiva relacionada con la «adaptación al medio sensorial y social» y ha tenido un valor «de supervivencia para el individuo», pero no nos ayuda a comprender el mundo.

Juan Malpartida

jueves, 10 de marzo de 2011

Culturas fracasadas de Josá Antonio Marina. Resumen de Juan Carlos Cubeiro

AUTOR:
FUENTE: http://jccubeirojc.blogspot.com/2010/11/culturas-fracasadas.html


...Un libro enorme, como nos tiene acostumbrados JAM. Dado que tratar de condensarlo sería una temeridad, me limito a proponerte diez ideas fuerza de la obra para que te animes a comprarlo, leerlo y estudiarlo:

1. La inteligencia colectiva de las hormigas. Funcionan eficazmente porque no poseen inteligencia. “La inteligencia tiene un poder disolvente” (Bergson). “¿Es posible que individuos inteligentes y libres, orgullosos de su autonomía, puedan convivir armoniosamente?” “¿Por qué las sociedades toman decisiones que llevan a su autodestrucción?” “Las preguntas nos lanzan a la piscina, pero lo importante es saber nadar, es decir, intentar sobrevivir a ellas contestándolas”.

2. La estupidez colectiva. “Utilizamos como criterio de evaluación de los bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, unas creencias culturales cuya fiabilidad no hemos comprobado”. Marina utiliza la metáfora del círculo (con un único centro) y la elipse (con dos centros). “Cuando amamos a una persona, nuestro comportamiento tiene dos centros: mi felicidad y la felicidad de la otra persona. No soy egocéntrico ni heterocéntrico. La inteligencia personal es circular. La inteligencia social es elipsoide, depende de muchos centros”. JAM define la inteligencia como la capacidad de dirigir bien el comportamiento, captando, elaborando y produciendo información. Como tenemos un desmedido afán de grandezas, el ser humano ha inventado herramientas intelectuales poderosas para escapar de las trampas: el lenguaje, el sistema numérico, las creencias, las instituciones, las religiones…”La inteligencia humana es social en su estructura y en su funcionamiento”. Hace 200.000 años, el cerebro se transformó en el de un ser social, capaz de crear cultura y transmitirla. “La interacción desencadena un dinamismo ascendente o descendente. Nos ennoblece o nos encanalla”. “Sólo hay inteligencias individuales, y llamamos “sociedades inteligentes” a las que favorecen la aparición de poderosas inteligencias individuales y de modos deseables de vivir”.

3. La interacción: “Al principio, la gente fueron dos” (Antonio Mingote). La tensión entre el individuo y la sociedad se resuelve desde el indivualismo (“No existe lo que llamamos sociedad; sólo existen los individuos”, Margaret Thatcher), el totalitarismo (“El Estado lo es todo. El individuo no es nada”, Mussolini) y lo sistémico (la sociedad es una estructura con propiedades sistémicas cuyos componentes son los individuos). La conversación como muestra de inteligencia social. La inteligencia compartida se manifiesta en dualidad y produce ocurre ocurrencias. “El deseo espolea las ocurrencias”. El amor lo definía Kant como “tomar como propios los fines del otro”. Al tratar la inteligencia compartida amorosa, Marina ineludiblemente cita a John Gottman.

Inteligencia de las familias, inteligencia de los equipos, capital social de una ciudad (Richard Florida): la necesidad de sobrevivir, de disfrutar, de vincularse socialmente y de ampliar las posibilidades vitales. “Los problemas compartidos tiene que resolverlos la inteligencia compartida”.


4. La cultura. “Una cultura es un cuerpo complejo de normas, símbolos, mitos e imágenes que penetran al individuo en su intimidad, estructuran los instintos, orientan las emociones” (Edgar Morin). La cultura tiene dos requisitos: ser colectiva y de cierta duración. La cultura jerarquiza los problemas (First things first, dirían algunos) de una manera propia: soluciones comunitarias a problemas universales. “Mentar a una cultura es como mentar a la madre”.

5. Sociedades inteligentes y sociedades fracasadas: “Inteligencia social es la capacidad que tiene una sociedad para resolver los problemas sociales creando capital social y ampliando las posibilidades vitales de sus ciudadanos”. Las sociedades fracasan por tiranía, excesiva ambición, incompetencia o decadencia, locura o perversidad (Barbara Tuchman, The march of folly). Sabemos desde Aristóteles que el tirano, para preservar su poder, envilece el alma de sus súbditos, siembra entre ellos la desconfianza y/o les empobrece. La corrupción es un gran síntoma de las sociedades fracasadas, así como los “gorrones”.

6. El aprendizaje de la cultura: “a través de la educación, la sociedad transmite a sus niños un kit de herramientas mentales, elaborado durante su evolución cultural”. Las ideas, como diría Ortega, se piensan; en las creencias se vive. Son las memes de Richard Dawkins, similares a los genes. Dominique Moïsi, en su La Géopolitique de l’emotion, agrupa las naciones en tres emociones imperantes: la esperanza (China, India), la humillación (países árabes) y el miedo (Occidente). “Manejar los sentimientos es uno de los modos de ejercer el poder”. Una de las características de una buena inteligencia compartida es provocar un clima social estimulante y agradable. En el centro, la confianza.

7. Personalizar o despersonalizar. La cultura occidental ha ido hacia la “individualización” (Ulrich Beck). En el otro extremo, la masa como hipersocialización. Ortega, nos recuerda Marina, no hablaba de la masa sino de la vulgaridad: “Un ser al que se le ha permitido la libre expansión de sus deseos vitales y cree que no debe nada a nadie. En suma, un ser dominado por una ‘radical ingratitud’, por un olvido de su genealogía, de su etimología”. El gran reto cultural del momento es “fomentar un modo de ser sujeto capaz de superar el concepto de libertad desvinculada, y de encontrar nuevas fuentes de posibilidad –es decir, de esperanza- en la relación con los demás”.

8. La invención de las normas: “Toda sociedad ha creado una moral de igual forma que ha creado un lenguaje, un arte, una ciencia, una religión, una política o un sistema moral acorde a sus valores”. JAM pone el ejemplo de Singapur, con sus “valores comunes”. Y divide las normas entre generadas jeráquica o espontáneamente, racionales o no racionales. Normas espontáneas no racionales (como la prohibición del incesto), espontáneas racionales (el comercio), jerárquicas no racionales (las normas religiosas) y jerárquicas racionales (la legislación).

9. La evaluación de las normas: las normas evolucionan por un cambio en las creencias. “Me gusta llamar ética a la moral transcultural, universal, que la inteligencia social de la humanidad podría elaborar si consiguiera liberarse de sus grandes obstáculos”: la pobreza, la ignorancia, el miedo, el dogmatismo y el odio al vecino. “La ausencia de miedo permite la toma de decisiones. La liberación del dogmatismo, la acción del pensamiento crítico. La liberación del odio al vecino, abre paso a la cooperación y la generosidad”. Para evitar el pensamiento crítico, los sistemas culturales se valen de la identidad social, de las emociones y de la habituación (nos podemos acostumbrar a todo). Es la banalidad del mal y la fragilidad del bien. “El ser humano es un animal inteligente dotado de dignidad, y de esa dignidad se derivan derechos humanos”:

10. Epílogo: “La inteligencia creadora resuelve problemas. Y eso debe ser fuente de esperanza”. En lugar de lamentarnos y autojustificarnos, ser protagonistas de nuestro destino (principios éticos, capital social de una pareja, de una familia, de una ciudad, de una nación).

Una vez más, José Antonio Marina, desde la erudición y la reflexión, pone el dedo en la llaga de lo que nos está pasando, y lo que es más importante, nos enseña cómo salir del atolladero. JAM dice que escribe no para enseñar, sino para aprender. Y con él aprendemos sus lectores. Gracias, José Antonio, por esta labor pedagógica.